“Se necesita un pueblo…”

“Se necesita un pueblo para criar a un niño” – un refrán africano?   Parece que no está tan claro.  Hilary lo utilizó como título de un libro hace unos años.   Es una de esas expresiones que si no existiera, tendríamos que acuñarla.

Me gusta porque es muy simple.  Un niño necesita encontrar a otra gente buena que no sean sus padres para conseguir experiencias sociales y para que encuentre su posición en la comunidad.  Habitualmente son los padres o familiares los que asumen la responsabilidad de criar a un niño.  Sin embargo, si de hecho hay una familia extensa, amigas de la familia al igual de profesores buenos que conocen al niño, eso puede ser de valor incalculable no menos en tiempos de crisis.  Además, hay momentos donde el niño necesita hablar con un adulto fuera del ámbito familiar sobre la relación con sus padres.  Finalmente, a veces un joven puede beneficiarse de una perspectiva alternativa en relación a las opciones de la vida como educación, carrera profesional y relaciones.

Un caso ilustrativo:  Durante mis años de escuela secundaria disfrutaba mucho de la familia de mi novia.  Su padre en particular era un personaje raro – gracioso, instruido, empresarial, casual (con un gusto agudo por malas palabras).  Nunca me decía qué hacer, pero verlo en su trabajo y escucharlo hablar de las primeras etapas de su vida adulta me ayudaban a resolver en qué dirección general quería perseguir.

Sin embargo, puede ser que no solo sean los niños los que necesiten un pueblo.

El vivir muy lejos de mis hermanos y mi gran familia con poco acceso al consejo y conexión ha sido una característica de mi vida de nómada.   Al principio huí de la familia.  Algunos años después, vivía mi vida con poco contacto con la familia y tomé poca iniciativa en el asunto.   Mi propia familia – mi mujer y mis hijos – se convirtió en mi todo.

Entonces hace 10-12 años, mi mujer me pidió “hablar con alguien”.   Nuestra pequeña familia – aislada en una tierra extranjera sin pueblo al alcance – se encontró incapaz de aguantar el estrés que se acumulaba en mí – el enfoque frío, intenso y callado en mi trabajo y deber.   Pienso que mi mujer me pidió buscar a alguien en un “pueblo” que podría proporcionar alivio emocional incluso consejos como lo haría un tío, un hermano o un amigo de la infancia.   Acepté su demanda, y resultó ser un punto de inflexión.

Todavía estoy construyendo mi pueblo.  Mi familia cercana está en el centro como siempre, y quizás más que nunca.  Sigo reconstruyendo las conexiones con mi gran familia que dejé hace unos 40 años.   Y sigo reclutando a nuevos miembros para mi pueblo – personas buenas encontradas en mis mundos de deporte, música, idiomas, viajes y obras benéficas.

Hay diferencias entre el pueblo que crea un niño y el de un adulto.   El pueblo que se reúne alrededor del niño lleva ayuda al niño no importa las circunstancias.   Es probable que el adulto pueda ser más pro-activo.  Por mi parte, intento abrirme, pedir ayuda cuando la necesito, compartir mis vulnerabilidades y tratar de estar presente cuando me necesita otro miembro del “pueblo”.

Es algo nuevo para mí, pero creo que funciona.  Voy a seguir en ello.

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